
Permiso retribuido por formación: cuándo es obligatorio y cómo gestionarlo en la pyme
David Torres

En muchas empresas ocurre que el permiso retribuido por formación se convierte en una fuente de conflictos justo cuando menos se espera. Un trabajador solicita ausentarse para presentarse a un examen, el responsable de equipo aprueba la petición de forma informal, nadie lo registra correctamente y semanas después surge la duda: ¿eso computó como ausencia? ¿Se descontó del salario? ¿Era obligatorio concederlo?
El verdadero problema suele aparecer cuando la empresa intenta regularizar la situación a posteriori. No porque la normativa sea especialmente compleja, sino porque la falta de un criterio claro desde el principio genera interpretaciones distintas según quién gestione la solicitud. Y eso, con el tiempo, acaba siendo un problema de equidad, de organización y, en algunos casos, de cumplimiento.
Este artículo no pretende ser un resumen del Estatuto de los Trabajadores. Lo que sí intenta es ayudarte a tener un criterio de gestión claro sobre cuándo este permiso es obligatorio, cómo encajarlo en el día a día de una pyme y qué debes registrar para que no se convierta en un problema más adelante.
El Estatuto de los Trabajadores, en su artículo 23, reconoce el derecho de los trabajadores a la formación profesional y al desarrollo de su carrera. Concretamente, establece que el trabajador tiene derecho a permisos retribuidos para concurrir a exámenes, siempre que curse estudios relacionados con la obtención de un título académico o profesional.
Conviene valorar también el papel de los convenios colectivos, porque en muchos sectores amplían este derecho: pueden incluir permisos para preparación de oposiciones, formación continua vinculada al puesto o incluso reducción de jornada para compatibilizar trabajo y estudio. Si tu empresa opera en un sector con convenio propio, ese convenio puede imponerte obligaciones adicionales respecto a lo que marca el Estatuto con carácter general.
Lo que sí queda claro en la norma básica es el supuesto concreto: exámenes para obtener un título. No cualquier actividad formativa genera automáticamente un derecho a permiso retribuido. Asistir a un curso de desarrollo personal o a una jornada de networking no está en el mismo plano legal que presentarse a las pruebas de acceso a un ciclo formativo o a las de un máster universitario.
Esa distinción es relevante porque, en la práctica, muchas empresas conceden permisos más allá de lo que les obliga la ley, lo cual es perfectamente legítimo, pero sin tenerlo documentado ni registrado de forma coherente. A corto plazo puede parecer una buena decisión para mantener el clima laboral; el problema aparece cuando se trata de manera diferente a empleados en situaciones similares.
Para ser práctico, conviene separar dos escenarios:
El trabajador tiene derecho a ausentarse el tiempo necesario para presentarse a un examen cuando esté cursando estudios para obtener un título oficial. El permiso es retribuido, lo que significa que no puede descontarse de su salario ni de sus vacaciones. La empresa puede pedir justificación, como la convocatoria del examen o el justificante del centro educativo, pero no puede negar el permiso si el trabajador cumple los requisitos.
En estos casos, no hay margen de negociación. Si la empresa lo deniega y el trabajador acude igualmente al examen, el descuento de esas horas en nómina podría derivar en una reclamación. Y si hay inspección, la falta de registro adecuado de esas ausencias suma problemas a los ya existentes.
Fuera de los supuestos obligatorios, algunas empresas deciden apoyar la formación de sus empleados más allá de lo que exige la norma: cursos del sector, certificaciones profesionales, idiomas vinculados al puesto. En estos casos la empresa decide libremente si concede el permiso, si lo hace retribuido o no, y en qué condiciones.
El error habitual aquí no es conceder estos permisos, sino hacerlo sin un criterio documentado. Si un responsable de área aprueba una tarde libre para que un empleado asista a un curso y ese mismo permiso se deniega a otro en circunstancias similares, el problema no es solo de percepción: puede ser un conflicto real de trato desigual.
Un permiso por formación bien gestionado empieza antes de que llegue la solicitud, no cuando el trabajador ya te está pidiendo el día libre con 48 horas de antelación. En muchas empresas falta ese paso previo: establecer cómo se solicita, con cuánta antelación y qué documentación respalda la petición.
Un proceso razonable para una pyme podría seguir estos pasos:
Registrar correctamente el permiso no es solo una cuestión de orden. Desde la obligación de registro de jornada establecida en 2019, cualquier ausencia que afecte a la jornada diaria debería quedar reflejada en el sistema. Eso incluye los permisos retribuidos, con su categoría específica.
Imagina una situación hipotética: una empresa de servicios con 20 empleados, varios de ellos cursando estudios de acceso a titulaciones de formación profesional. A lo largo de un año, entre exámenes parciales y finales, algunos trabajadores solicitan permisos con más frecuencia que otros. Si cada ausencia se gestiona de forma informal y sin registro diferenciado, al final del año el cuadro real de jornada de cada persona es prácticamente imposible de reconstruir. Y si en ese contexto hay una inspección de trabajo, la empresa no puede demostrar que esas ausencias eran permisos retribuidos y no faltas injustificadas.
El problema no es solo el riesgo de sanción. Es que la empresa pierde el control sobre su propio funcionamiento. Sin datos claros, no puede analizar el impacto real de los permisos en la operativa, no puede planificar coberturas con criterio y no puede detectar si la política está generando tensiones en algún equipo concreto.
Registrar las ausencias por formación en una categoría propia, con la fecha, la duración y el tipo de permiso concedido, no requiere un sistema sofisticado. Pero sí requiere que la persona que gestiona los registros lo haga de forma sistemática, no solo cuando le resulta cómodo.
Más allá del cumplimiento, hay una dimensión de gestión de personas que conviene no ignorar. Cuando una empresa apoya la formación de sus empleados de forma coherente y predecible, el mensaje que transmite es claro: valoramos que las personas crezcan. Ese mensaje tiene un efecto real sobre la motivación y el compromiso, aunque sea difícil de medir con precisión.
El problema aparece cuando la política existe sobre el papel pero no se aplica con coherencia. Si dos empleados en situaciones comparables reciben respuestas distintas a la misma solicitud, el efecto es peor que si no hubiera política en absoluto. La percepción de trato desigual es uno de los factores que más deteriora el clima de un equipo, y los permisos son un terreno especialmente sensible porque son visibles para todos.
La clave no está solo en cumplir la norma. Está en gestionarla con criterio suficiente para que el equipo perciba que las decisiones no dependen de quién pregunta ni de qué día lo hace.
Si en tu empresa los permisos por formación todavía se anotan en una hoja de Excel compartida o se gestionan por WhatsApp, el registro acaba siendo incompleto casi por definición. No porque la gente no quiera hacerlo bien, sino porque ese tipo de soluciones no están diseñadas para mantener un historial claro, diferenciado por tipo de ausencia y accesible cuando lo necesitas.
Con Fitxa puedes registrar las ausencias por permiso retribuido como una categoría diferenciada del resto, con fecha, duración y motivo. Eso te permite distinguir con claridad un permiso por formación de una baja médica o de un día de vacaciones, y tener esa información accesible para quien la necesite, sin depender de correos sueltos ni de conversaciones que nadie recuerda exactamente.
Si quieres comprobar cómo encajaría en la gestión de tu equipo, puedes probarlo durante 30 días sin compromiso.